El buenismo mal entendido

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Los humanos pecamos, entre otras cosas, de ser muy simples. Reducimos tanto los conceptos que acabamos haciendo ridículo hasta la más maravillosa de las ideas. Y esto pasa también con el “buenismo”.

Que haya buen rollo en un equipo de trabajo es algo clave para su éxito. Tanto como para que se fomente, y mucho. Pero el problema es que cuando esto se transforma en un fin en sí mismo, todo pierde sentido.

Y estoy seguro que mucha gente no estará de acuerdo, pero me da igual, tampoco quiero ser buenista 😛

Para mí el buenismo se malentiende cuando en una organización o equipo de trabajo, se empieza a ocultar información con el objetivo último de que “haya buen rollo”.

Muchas veces se acude al buenismo malentendido para evitar situaciones que son incómodas. Lo puedo entender, pero no lo comparto ni creo que sea bueno.

Ser capaz de hablar con alguien de tu equipo y decirle que no estás de acuerdo, o que crees que su planteamiento está equivocado, es parte no solo de nuestro trabajo, sino también de nuestra ética profesional y nuestro cariño como compañeros.

Evidentemente decir estos temas es algo complejo y que requiere plantearlo de forma educada, con mucho cariño y buscando el mejor enfoque. Muchas veces empujando preguntas que puedan ayudar a la persona a acabar dándose cuenta sin que le digas nada, pero otras veces requieren algo de acción más directa.

Y más importante resulta que la gente de tu equipo no sea tan buenista como para ocultarte que te estás equivocando. Que tus planteamientos pueden perjudicar los objetivos que todos perseguimos. Muchas veces callan porque eres el jefe, otras por no generar mal rollo. En definitiva, excusas para evitar una situación que no gusta a nadie, pero que es más importante que muchas otras.

Sinceramente, no me gustan los equipos buenistas. Me encantan los equipos donde fluye la alegría, el trabajo en equipo, donde la gente es educada e incluso tiene una sintonía común. Creo en los equipos que se apoyan, que se ayudan y que se cuidan la espalda.

Pero también en los equipos que desafían las ideas unos de otros, que se empujan a ser mejores, que reconocen su capacidad de mejora y que son capaces de enfrentarse a preguntas complejas con una actitud de 10.

Y es que no son temas excluyentes. De hecho todo lo contrario. Un entorno de trabajo seguro debería ser un espacio donde ocurrieran ambos aspectos. Todo el mundo se sintiera cómodo por sentirse bien tratado por sus compañeros, pero también se sintiera desarrollándose de forma continua porque tiene estímulos a su alrededor que le ayudan a ser mejor.

Escrito por

José Carlos Cortizo

José Carlos Cortizo

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